Salamanca

Brillan las luces de la piedra de Villamayor. Tras ella, el cielo limpio y añil.
Ahora mismo.

…y estoy aquí.

Lluvias, fantasmas, mierda

Al parecer, no solo llueve en Pamplona.

Supongo que hay cosas de las que no puedes huir del todo. Puedes cambiarte, agujerearte la nariz, construirte una vida nueva… Pero no huir del todo.

Porque sí, puedes marcharte, alejarte, escapar a otra ciudad… Pero no solo llueve en Pamplona.

Al parecer, no se puede huir de la lluvia. Y son las mismas nubes, justamente las precisas nubes de las que huías, las que inundan, a veces, las calles de tus verdes y tus luces.

Esa puta lluvia que te empapaba, sin tregua, el año pasado sigue calándote los pies. Aunque la negaste rotundamente, aunque estés lejos… No parece importar.

¡¿Por qué no cuenta?! “Adiós, vieja lluvia. No me molestarás más. Estaré lejos…”

Pero, al parecer, no solo llueve en Pamplona. Y las nubes que inundan mi Salamanca son las mismas que tanto me llovieron allá.

Esas jodidas nubes que ya negué, que ya olvidé, que pensé haber dejado atrás…

Aquí, lejos, en Salamanca, llueve menos. Pero sigo con los pies mojados.

Y ya estoy muy cansada, joder. Cansada, resfriada, con los pies empapados.

Con los pies empapados de las mismas lluvias, los mismos fantasmas, la misma mierda.

Lejos. Cansada. Los pies empapados de la lluvia de Pamplona.