Joyitas (Sí, soy una cursi)

_ ¿Sabes que tienes los ojos preciosos?

Quise acercarme y decírselo. Porque realmente lo pensaba. Porque era verdad.

Quise decírselo, pero ni siquiera me planteé hacerlo. Porque le habría parecido muy raro. Porque realmente habría sido muy raro abordar a una completa desconocida para soltarle tal galantería y volver, con una sonrisa, a mi asiento.

Bajé del autobús gruñendo por esta pequeña frustración. O puede que no por esta en concreto, sino por todos los elogios que, precisamente por sinceros, me he callado.

Conozco a algunas personas maravillosas. Joyitas me gusta llamarlas. Son personas que sin duda merecen que pasara el sofocante apuro de decir, inevitablemente con un pequeño ataque de risa nerviosa,: “Eres una joyita, quería que lo supieras. Me alegro muchísimo de conocerte.”

(Ay, ay, ay, ayayayayayayayyyyy.)

Lo merecen, sí, pero ni siquiera me planteo… no, ni siquiera me imagino capaz de decirlo.

(Me avergüenza constatar que, en cambio, exabruptar apreciaciones no del todo positivas no me resulta tan problemático.)

Pero sí, de verdad querría que lo supieran. Que supierais que lo pienso, que lo sois.