¿Y por qué no?

1. Las causas de la revolución.

El descontento popular, provocado por la grave crisis económica global y por la degeneración que habían sufrido los partidos políticos en el último cuarto de siglo, acabó generalizando la desconfianza hacia los gobernantes y algunas instituciones de especial relevancia, como la Unión Europea. Esta pérdida de confianza quedó agravada por, entre otros motivos, las revelaciones de la organización Wikileaks, dedicada a filtrar informaciones secretas y documentos oficiales comprometedores de los gobiernos mundiales.

En un contexto sociocultural marcado por la globalización y la importancia de Internet, cientos de personas anónimas se lanzaron a compartir sus ideas de revolución radical en la red de redes. Algunos de ellos llegaron a ser realmente influyentes a nivel internacional, convirtiéndose, poco a poco, en impulsores de la rebelión. Los principios revolucionarios de cambio radical por vía pacífica, colaboración universal, optimismo antes las posibilidades del ser humano, necesidad de un cambio de valores en la sociedad, etc. fueron progresivamente calando en las capas más jóvenes de la población, llegando a ser recogidas en el Manifiesto del Cambio, que sentó las bases sobre las que se asentaría la revolución.

Por otra parte, el sensacionalismo populista en el que habían caído los medios de comunicación se aferró a la acogida que las nuevas ideas revolucionarias habían encontrado en la población y contribuyó enormemente a la generalización de las mismas, así como a la exaltación de los sentimientos que estas ideas habían sembrado en la población.

2. El Blanquismo y la Revolución Silenciosa.

Animados por los influyentes líderes internáuticos, los jóvenes de todo el mundo empiezan a mostrar su descontento vistiendo enteramente de blanco, color elegido como símbolo del movimiento, pues reflejaba el concepto de protesta pacífica, sigilosa y anónima; el vacío de valores de la sociedad; la necesidad de reconstruir, de <<reescribir>> la organización del mundo; la idea de universalidad y alcance internacional…

Con el tiempo, muchas más personas, ya de todas las edades y posiciones sociales, se suman al movimiento blanquista, creando nuevas formas de protesta: se cuelgan sábanas blancas de los balcones, se organizan manifestaciones con pancartas mudas, se envían cientos de cartas en blanco diarias a las principales sedes políticas mundiales… Sin embargo, en Internet, donde todos estos revolucionarios se sienten realmente libres y comprendidos, miles de personas siguen publicando sus propias ideas, los fundamentos y demandas del movimiento… Surge, de este modo, la llamada Revolución Silenciosa.

Las sigilosas protestas blanquistas se acrecentaron tanto que hicieron temer a los gobiernos mundiales. En los países de regímenes más autoritarios, las revueltas fueron violentamente sofocadas, lo que exaltó aún más los ánimos de los blanquistas del resto del mundo, incitándolos a aumentar los levantamientos, presionando de tal modo a los gobiernos que muchos de ellos se vieron obligados a convocar elecciones anticipadas.

En muchos de estos países, la mayor parte de ellos occidentales, estas elecciones dieron la victoria al Partido Blanquista que, en concordancia con las ideas del Blanquismo, se caracteriza por su carácter global, la mínima publicidad electoral y la naturalidad de los discursos.

Minuciosamente coordinados gracias al uso de las nuevas tecnologías, los gobiernos blanquistas se declaran gobiernos provisionales y anuncian que se convocarían nuevas elecciones en un plazo máximo de dos años, para permitir que las distintas tendencias dentro del Partido Blanquista se reagruparan en distintos partidos políticos independientes. Mientras, los gobiernos blanquistas emprendieron una ardua tarea de renovación, especialmente en los ámbitos de la educación, la política y la organización social.

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<< Solamente un instante de calma, Werther – insistió ella -. ¡No os dais cuenta de que os estáis engañando y hundiendo intencionadamente! […] Temo, sí, temo, que sea solamente la imposibilidad de poseerme lo que estimula ese vuestro deseo.>> […] << ¿y no va a haber en el mundo entero ninguna muchacha capaz de saciar los deseos de vuestro corazón? Decidíos, buscadla y estoy segura de que la encontraréis, pues, ya hace tiempo que me apena, tanto por vos como por nosotros, el aislamiento en el que últimamente os habéis confinado. […]>>

(Las desventuras del joven Werther, J.W. von Goethe)

¿Cuántos suspiros

míos caben en una

de tus miradas?