Oh, estridente voz que das muerte a mi descanso, intercambiando mis más profundos sueños por la más pesada rutina, tú, que robas mi libertad nocturna y me encarcelas en el día a día. Tú, me devuelves a mis obligaciones, mis responsabilidades, sin que yo lo quiera o pida. Te maldigo, pues, a ti, invento del demonio, verdugo de la noche, cruel flautista cuya irritante cantinela se lleva consigo las imágenes oníricas que en mi cabeza nacen. ¡Detén tus tortuosas carcajadas, esa risa infame con la que de mí te burlas cada mañana! Puntual. Infalible. Desconsiderado. Insoportable…

“Pipipiiií, pii, piiiii… Pipipiiií, pii, piiiii…”

          De nuevo, sonó el despertador, interrumpiendo mis divagaciones. Lo apagué de forma brusca, refunfuñando mientras intentaba abrir los ojos. No podía creer que cinco minutos pasaran tan rápido…

HOR. A ver qué tal sale. (Levantan sus copas los cinco.)

Por la burla cruel que a la muerte le hacemos;

por la inmortalidad, que ya no tiene duda…

Por el vivir eterno y dichoso… ¡Brindemos

con champaña de la Viuda!

[Cuatro corazones con freno y marcha atrás, E.J. Poncela]

En plena cuenta atrás… :)