Una pequeña observación

En las ciudades, la gente no pasea; se limita a desplazarse desde un punto a otro.

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          Estudié sus ojos, deleitándome en cada detalle, mientras me preguntaba qué vería él en los míos. La respuesta, como ya bien sabía, no correspondía con las palabras que tanto me gustaba imaginar, mas no importaba. En aquel momento, sus ojos verdes estaban clavados en los míos, y eso bastaba para hacerme feliz.

Ridículo

Siempre es incómodo coincidir con un vecino en un ascensor pequeño. Y esta sensación se incrementa considerablemente cuando estás en pijama.

Bancarrota

          Nuestras miradas, desafiantes, se encontraron por encima de la rústica mesa de comedor. El aire del ventilador amenazaba con hacer volar los billetes que nos estábamos jugando. A pesar de la agradable temperatura de aquella noche de verano, un escalofrío me sacudió por completo cuando comprendí lo arriesgado que resulta jugar con el inestable mundo de los negocios. Ya no había nada que pudiera hacer por salvar mis escasos ahorros. Súbitamente, la risa de mi rival, seca y antinatural, me confirmó mis peores temores. Estaba perdida.

          Abatida, me desplomé sobre el tablero de juego. No podía creer que mi hermano de seis años me hubiera ganado jugando al Monopoly. Otra vez.