Instrucciones para sobrevivir a una reunión familiar

Cumpleaños de la abuela, Navidad (o cualquier otra fecha señalada), comunión del más pequeño de la familia… ¿Acaso algo suscita más pánico colectivo que una reunión familiar?

Afortunadamente, todas estas celebraciones comparten un mismo patrón de comportamiento, al que es fácil resistir si se analiza detenidamente de antemano.

 1. Llegada

Aun en contra de su voluntad, todo el mundo intentará besarlo, y usted se verá obligado a besar a todo el mundo. Intente alejarse de las señoras mayores, muy dadas a los perfumes fuertes y a los “achuchones” efusivos, tras los cuales dejan en sus víctimas imborrables manchas de carmín.

Escuchará las mismas frases de siempre: «¡Qué alto estás!», «¡Cada día te pareces más a tu padre!», «¡Y pensar que hace un par de años todavía llevabas pañales…!». Ignórelas, procurando sonreír en todo momento para no ofender a sus interlocutores.

2. Comida

Partiendo de que no hay reunión familiar que se precie sin un banquete, frecuentemente copioso, le recomendamos prestar especial atención a esta fase de la jornada, por ser la que más tiempo dura.

En celebraciones como bodas, comuniones, bautizos y demás variantes, tanto religiosas como paganas, los entrantes tienden a ser innovadores (entendiéndose «innovador» como eufemismo de «extraño y escasamente recomendable»). Se recomienda, en tales ocasiones, ocupar un asiento cerca de los niños, a los que siempre se les puede quitar una croqueta o unas patatas fritas. Nota importante: no haga caso a este último consejo si no está dispuesto a sacrificar su camisa o vestido; es imposible estar rodeado de infantes y no mancharse.

Si el ambiente se vuelve tenso, por culpa del silencio, sugiéranse temas de conversación semejantes a los siguientes: La fecha de boda de Fulanito y Pepita, Los estudios de Menganito, El elogiable comportamiento del bebé de Manolita, etc.

3. Sobremesa

El alcohol ingerido durante la etapa anterior habrá causado estragos en muchos de los reunidos. Por tanto evite, entre otros, al abuelo cantor, al tío pesado y sus chistes ya de sobra conocidos, a la abuela y su reparto de consejos “vitales” (abrígate, come más, no salgas a la calle que cada vez hay más gente rara y gente más rara, no subas en ascensor…), etc.

La sobremesa acabará en cuanto uno de los pequeños resulte accidentado. Si el niño está a su cargo, aproveche para huir. Si no, siga leyendo.

4. Despedida

Retírese, alegando que se encuentra mal, que al día siguiente tiene que trabajar, que debe realizar una llamada extremadamente importante, que ya es tarde para sus hijos… O cualquier excusa que sea capaz de imaginar.

En cuanto llegue a casa, relájese, disfrutando del silencio y la paz que siempre faltan en estas reuniones.

¡Hogar, dulce hogar!

Como de costumbre, se recomienda visitar la versión de Dani (http://diariosdeunaveleta.blogspot.com/2009/05/instrucciones-para-sobrevivir-una.html), siempre más elaborada (y puntual).

Anuncios

Gotas de lluvia

salpican el tejado:

¡del cielo lágrimas…!

          _ Adiós – dijo a la flor.

          Pero la flor no le contestó.

          _ Adiós – repitió.

          La flor tosió. Pero no por el resfriado.

          _ He sido tonta – le dijo por fin -. Te pido perdón. Procura ser feliz.

          Quedó sorprendido por la ausencia de reproches. Permaneció allí, desconcertado, con el globo en la mano. No comprendía esa calma mansedumbre.

          _ Sí, sí, te quiero – prosiguió la flor -. No has sabido nada, por mi culpa. No tiene importancia. Pero has sido tan tonto como yo. Procura ser feliz… Deja el globo en paz. Ya no lo quiero.

(…)

          _ No te detengas más, es molesto. Has decidido partir. Vete.

          Pues no quería que la viese llorar. Era una flor tan orgullosa…

[El Principito, Antoine de Saint-Exupéry]

Odio…

          … los ordenadores de la biblioteca del Colegio, que, por no tener, no tienen ni tildes.

Un poquito de felicidad…

          En concreto, de esa sensación de plenitud que sólo experimentas cuando comprendes que una existencia tan fútil e insignificante como la tuya simplemente necesita algo tan fútil e insignificante como un paseo bajo un cielo sin nubes ni estrellas para ser feliz.

Por todo y por nada

          Entonces, rompió a llorar desconsoladamente. Por las decisiones que no había tomado. Por las oportunidades que no había aprovechado. Por las palabras que no había dejado escapar de sus labios. Por los silencios que no había roto. Por los besos que no había dado. Por el sueño que ya nunca alcanzaría…