El reencuentro

          Su sonrisa amistosa le invitó a entrar. Emocionado, dejó caer las pesadas maletas en el felpudo de la entrada, recordando cuánto la había echado de menos.

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El final del invierno

Entonces, descubrió lo importante que era para ella y, poco a poco, el sol volvió a salir, disipando las nubes que aun quedaban de aquel duro invierno.

Por una mirada…

Y unos segundos fueron suficientes para que nunca lograra olvidar aquellos ojos oscuros que, por un instante, se encontraron con los suyos.

Instrucciones para nadar

          El arte de la natación puede parecer una disciplina sumamente complicada para todos aquellos que no tenemos la suerte de poseer branquias, aletas y escamas. Sin embargo siguiendo las pautas adecuadas, todos somos capaces de nadar.

          El primer paso, y el más fundamental en mi humilde opinión, es encontrar el lugar propiado que, a ser posible, ha de estar lleno de agua. Descalzos y únicamente ataviados con un traje de baño, más o menos pequeño en función de la moda, debemos comprobar la temperatura del agua, sumergiendo exclusivamente los dedos del pie. Tras el escalofrío posterior a esta acción, llega el momento de lo más complicado: introducir el tronco y las extremidades en el agua fría. Para lo más valientes, existe la posibilidad de meter también la cabeza, pero esto no es en absoluto recomendable para los principiantes. Una vez logrado, corresponde mantenerse a flote, moviendo acompasadamente los brazos y las piernas, aguantando la respiración, en una lucha eterna contra la ley de la gravedad.

          Es importante recordar que, para los que no puedan evitar hundirse, existen artefactos hinchables, comúnmente denominados flotadores, destinados a imposibilitar la inmersión.

En la ciudad

          Apoyada en la repisa de la ventana, contempló el paisaje totalmente urbanizado que se ofrecía ante ella. Miles de personas caminaban entre la jungla de imponentes edificios, con aire de prepotencia y seguridad en ellos mismos. Aparentemente, todos tenían un destino, pues caminaban rápidamente, pero, ¿realmente sabían hacia dónde se dirigían?

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[J.W. Goethe]